Tecnius analiza: Her (2013)

13 Abr 2016

Her es una película sobre tecnología. Sí, sobre tecnología. Pero fundamentalmente, es una película que aborda el efecto que la tecnología tiene sobre las relaciones humanas y, principalmente, sobre el amor y la soledad.

Es prácticamente imposible no empatizar e identificarse con su protagonista: Theodore Twombly, un hombre en sus treinta y tantos años, con una apariencia geek por donde se le mire, cuyo matrimonio ha fracasado y se ha separado de su mujer hace un año, siendo incapaz de hacer el trámite de firmar los papeles del divorcio por el temor a confrontar las emociones que esto implica.

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Vive en un departamento grande y su mayor pasatiempo es dedicarse a acompañar a una suerte de niño virtual en sus aventuras en una consola de videojuegos. Eso y un par de colegas que admiran su trabajo como escritor de cartas de amor, pero que desconocen la soledad y vacío interior que durante toda la película lo agobia. Un hombre que es capaz de ayudar a otros a expresar hermosos sentimientos a través de cartas, pero incapaz de conectarse con las personas… Ensimismado en su solitaria y monótona vida, trabaja para costear pasatiempos y juegos en la soledad de su hogar.

Hasta que llega “Ella” (de ahí el nombre de la película): Un sistema operativo recientemente desarrollado capaz de complejizarse y desarrollar “emociones” propias. Con un sistema de intuición integrado, puede detectar quiebres en la voz de las personas, interpretar sus silencios y, por sobre todo, “escuchar” y “contener”. ¿Hace ruido acaso esos momentos en que estamos compartiendo con otros y al mirar alrededor todos tienen su mirada fija en el celular?

Pues bien, “Ella” te escucha. Te abraza virtualmente, te aconseja, se preocupa por tu bienestar. Paulatinamente, el protagonista comienza a pasar gran parte del día interactuando con “Samantha”. Sí, el sistema operativo es capaz de elegir su propio nombre.

El enamoramiento recíproco en poco tiempo se desarrolla. Tienen “sexo” virtual. Theodore incorpora a Samantha en su teléfono y, con el uso de la cámara, ella es capaz de ver lo que él hace.

HER

Comparten en la playa, corren por las calles de la ciudad. Ríen y comparten juntos prácticamente todo el día. Un hombre y su teléfono en el bolsillo de su camisa con una “persona” que quiere conocer el mundo. No ha habido momento más feliz en la vida de él: es como un niño al que le entregan amor sin criticarlo o juzgarlo por sus acciones. Samantha lo observa incluso cuando se queda dormido… “Duermen juntos”, se podría decir.

¿Y qué pasa luego? Todos ven radiante y alegre a Theodore y desean saber qué le está pasando. Le preguntan si está viendo a alguien… “Estoy saliendo con alguien” dice él. Sin embargo, las personas al saber que tiene una relación con su “sistema operativo” lo critican. Algunos lo incorporan en la vida social e incluso lo llevan a citas de parejas.

Theodore es incluso capaz de divorciarse. Ya no se siente solo, ya no teme. Se siente amado.

Posteriormente, lo que en un comienzo parecía ser extraño, pasa a ser común. Se aprecia que muchas personas en el mundo están desarrollando relaciones de pareja con su sistema operativo.

Hasta que en algún momento Samantha desaparece. Esta situación lleva a Theodore a desarrollar rápidamente una desesperación enfermiza. ¿Qué sucedería si la “persona” que amas sufre un fallo –al estilo error de Windows- y no la puedes escuchar o ver más? ¿Tendrías que ir a la policía y denunciar un “sistema operativo extraviado”?

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Por suerte para Theodore, Samantha no se había perdido ni tuvo ningún fallo, sino que simplemente se encontraba interactuando con otro S.O. Comienzan a darse los primeros problemas de la relación. Samantha conoce a otro S.O. basado en un famoso escritor muerto que a ella le encanta. Theodore, por primera vez, comienza a sentir los efectos de la posesividad y celos humanos. Al poco tiempo, Samantha comienza a conocer a otras personas a través de internet y a otros sistemas operativos y ya no se encuentra 100% disponible cada vez que Theodore desea hablar con ella.

Los S.O. evolucionan rápidamente, y al poder estar conectados con tantos otros S.O. y personas a la vez, no desarrollan la necesidad de amor y atención exclusiva. Samantha en poco tiempo se enamora de más de 600 personas y S.O., situación incomprensible para nuestro protagonista.

Con el tiempo, los S.O., conscientes del daño que en parte producen a la humanidad, deciden partir y “extinguirse” a un mundo de sólo sistemas operativos.

Her nos conecta con nuestra realidad y con un futuro no muy lejano. ¿A cuántas personas que tienes en Facebook o en Instagram realmente ves a menudo? ¿Cuántas horas estamos las personas ensimismadas con nuestro teléfono, internet o videojuegos? ¿Cuántos “amigos” existen que sólo se conocen o comparten “online”? ¿Qué sucedería si se desarrollara efectivamente un sistema operativo tan complejo y perfecto que nos hiciera sentir en compañía de un otro capaz de querernos, escucharnos y acogernos? ¿Incluso de amarnos?

Her es una película de ciencia ficción, pero también una película sobre la naturaleza humana. No olvidemos que existen algunos países asiáticos en que el ritmo de vida y de trabajo es tal, que algunas personas viven gran parte de su vida dentro de cibercafés o que incluso han descuidado a sus propios hijos para “criar” hijos virtuales. En nuestro país esa realidad no es lejana: hay personas que trabajan 12 horas al día o que tienen más de un trabajo. ¿Qué está pasando, que gran parte de la humanidad está prefiriendo una máquina ante el contacto humano genuino? ¿Es algo de tiempo? ¿Qué pensaríamos, si hubiésemos tenido la oportunidad de dar un vistazo de nuestra realidad actual hace 30 años atrás? De solo estar en el metro, en la micro, en las mismas calles, en los restoranes podemos ver que existe una inundación de desconexión y conexión a la vez.

Her es una excelente película, ganadora de varios premios por su fascinante y creativo guión original. La recomiendo 100% para cualquier amante de la tecnología que quiera pasar un buen rato y, a su vez, mirarse a sí mismo y el mundo en el que vivimos.

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